Infraestructura y servicios. Obras de ingeniería: acueductos

Desde hace un par de meses cuando empezamos a hablar de Coronavirus y la pandemia copó el escenario de las noticias en todo el país, hablamos de la necesidad de la higiene permanente de las manos, para lo cual es necesario contar con agua.

El agua ese bien tan preciado y escaso en algunos barrios y urbes por falta de la infraestructura adecuada para que la misma llegue hasta los domicilios de las personas, es motivo de preocupación desde la antigüedad.

En medio de la crisis actual producto de la pandemia, es tema de debate por las obras de infraestructura faltantes en algunas zonas de la Ciudad de Buenos Aires y del resto del país. Pero no vamos a escribir sobre esas falencias, sino sobre lo que hizo otro pueblo, pero hace unos 2 mil años atrás.

Para quienes nos dedicamos a esto de la construcción, la arquitectura y la ingeniería son buenas herramientas para entender el paso del tiempo y el porqué de algunas cosas de la historia. También nos brindan testimonio de cómo fueron las sociedades. La ingeniería y la arquitectura hablan, lo sabemos con certeza.

Nos pareció oportuno recordar hoy esas fantásticas obras que fueron los primeros acueductos de la civilización organizada. Para abastecer de agua a las ciudades, los romanos crearon un impresionante sistema de canales y puentes monumentales.

No todas las ciudades romanas disponían de acueductos, ya que en algunas el suministro hidráulico podía quedar cubierto por pozos y por cisternas públicas y privadas excavadas bajo las casas

Sin embargo, había ciudades que necesitaban mucha más agua de la que podían proporcionar las cisternas, no sólo para abastecer a una población numerosa–hasta un millón de habitantes en el caso de Roma–, sino también para alimentar las fuentes ornamentales y públicas, las termas y los espectáculos. Si leyó bien. La Roma imperial tuvo más de un millón de habitantes.

Hacia el año 30 antes de la era Cristiana, en un mundo en el que pocas ciudades superaban los 10.000 habitantes, en Roma vivían más de un millón de personas, convirtiéndose así en la primera megaciudad de la antigüedad.

 

Red de agua con acueductos

Fue el Emperador Augusto quien cambió por completo Roma, estableciendo un nuevo modelo de cómo organizar una ciudad. Fruto de la obsesión de Augusto de tenerlo todo registrado durante su reinado (número de victorias alcanzadas, ciudades fundadas, leyes aprobadas etc.), sabemos a la perfección el número de habitantes de Roma (un dato muy difícil de encontrar en la antigüedad), pues por primera vez en la historia se hizo un censo de la población.

Los historiadores creen, no obstante, que la cifra de un millón queda corta puesto que en el censo no figuran ni las mujeres, ni los niños, ni los esclavos…por lo que la cifra podría superar al millón y medio. Una población descomunal en aquellos tiempos.

Datos demográficos reconstruidos por historiadores cuentan que casi en todo el período de brillo del imperio romano, en la “península itálica” la población era de unos seis millones de habitantes, la misma cantidad de habitantes que en la “península ibérica” y la zona de la actual Siria y el mundo árabe; con lo que en esas tres regiones ya contamos más de 18 millones de personas. Y todavía resta sumar Egipto con otros 5 millones, todo el “Magreb” o norte de áfrica donde se contaban otra cifra similar. En síntesis, el imperio romano según algunas estimaciones llegó a tener más de 50 millones de habitantes.

Para cualquier ciudad, la gestión del agua, tanto para la higiene como para el consumo es fundamental. La Antigua Roma disponía de un suministro constante de agua potable, a base de una compleja red de 11 (algunas versiones hablan de 12) acueductos independientes, algunos de ellos de hasta 72 km de longitud, dedicados a transportar agua sin usar bombas.

Con el sistema traían agua de los manantiales de la montaña por gravedad hasta la ciudad. En el acueducto se cristaliza la gran proeza de la ingeniería al crear la pendiente ideal, para que el agua se desplazara lentamente hasta el punto de destino.

Se crearon pues, los acueductos que conducían el agua desde estos lugares donde se almacenaba –»caput aquae», lugar donde el acueducto tomaba el agua- hasta la ciudad.

El Aqua Appia fue el primer acueducto de Roma. Fue construido por los censores Apio Claudio Ceco, conocido también por la construcción de la Vía Apia durante su censura; en el año 312 antes de Cristo. Tenía una extensión de 16 kilómetros, trascurría mayormente como acueducto subterráneo.

Pero las arquerías monumentales eran sólo una parte del sistema de abastecimiento hidráulico, cuyo objetivo era traer el agua desde fuentes y manantiales que podían hallarse a mucha distancia.

A lo largo de este trayecto se construían obras de captación, embalses, torres de distribución (castella aquarum) y, lógicamente, el canal por el que discurría el agua aprovechando la ligera pendiente que los ingenieros romanos lograban mantener desde el origen hasta el destino.

Pero claro está, el terreno rara vez ayuda. Imaginemos que el acueducto llega a una depresión profunda, en la que es imposible construir un acueducto que la atraviese. ¿Cómo salvarla? Lo más usual era que se evitara, prefiriéndose siempre dar un rodeo.

Pero cuando ello era imposible, se realizaba el sifón. ¿En qué consistía este? Se hacía descender al agua velozmente hacia el fondo de la depresión para que posteriormente el agua pudiera ascender.

Era muy complejo, ya que la velocidad debía estar bien calculada al milímetro. Poca velocidad producía que el agua no llegara de nuevo arriba. Por otra parte, un exceso provocaba que el agua saltara al llegar arriba, siendo imposible que esta continuara por el «specus» (conducto)

Un servicio de reparaciones limpiaba sistemáticamente los canales para evitar las obstrucciones y el empeoramiento de la calidad del agua; para ello, el canal por el que circulaba el agua estaba siempre cubierto y se instalaban regularmente albercas llamadas «piscinae limariae» (tanque de sedimentos) para decantar las impurezas, asi como «pozos de inspección» donde se podían introducir los obreros si se producía alguna avería.

El acceso privado al agua ha tenido siempre un precio. Los propietarios de las casas que podían permitirse disponer de agua corriente contrataban un servicio por una cierta cantidad, que venía asegurada por el mayor o menor diámetro de la tubería de acceso.

Esto también daba lugar a intentos de fraude cambiando el calibre de la canalización. Para evitarlos se ideó el «calix», una tubería unida a una carátula que se empotraba en la pared y tenía una decoración, para evitar su falsificación o manipulación. Las tuberías eran fabricadas en plomo.

Fuentes terminales de acueductos

Las espectaculares fuentes de la Roma del renacimiento que inundan la ciudad de agua fresca y limpia son el punto de llegada de los acueductos.

“Aqua Virgo” fue uno de los 11 o 12 acueductos que proveían a la antigua ciudad de Roma. El acueducto cayó en desuso con la decadencia del imperio romano, pero se lo restauró completamente casi un milenio después, durante el Renacimiento, tomando su forma actual como el Acqua Vergine.

Marco Agripa finalizó la construcción del Aqua Virgo, en el Año 19 antes de Cristo, durante el reinado del emperador Augusto. A lo largo de sus más de 20 km de longitud, el acueducto tenía un declive de sólo 4 m para llegar a Roma en medio del Campus Martius. Durante su apogeo, el acueducto podía proveer más de 100 mil metros cúbicos diarios de agua.

En Roma hay fuentes monumentales, hermosas, colosales. Algunas de ellas son las “terminales” de algunos grandes acueductos que abastecían a la Roma antigua.

La Fontana di Trevi es la fuente más monumental de Roma. Según la leyenda, fue una misteriosa doncella la que indicó al general Agripa el emplazamiento del manantial, en las afueras de Roma. Para traer el agua a la ciudad, Agripa construyó un acueducto, que en honor de aquella doncella se llamó Acqua Virgo.

La obra de la fuente tiene un frente de 40 metros y fue construida en mármol, recostada sobre un frontispicio. En el centro de la misma el gran protagonista es Neptuno.

Esta gran obra del barroco fue construida en el siglo XVIII por un hombre casi desconocido, llamado Nicola Salvi, que sorprendió a todo el mundo con este diseño asombroso. Los trabajos para su construcción se prolongaron durante 30 años y acabaron arruinando la escasa salud de Salvi, que murió sin poder acometer otros proyectos y sin ver terminada su hermosa fontana.

En la fuente de Trevi podemos ver a Neptuno domando a los hipocampos. “Neptuno” era un dios de la mitología romana, proveniente de la mitología griega, hijo de los dioses Saturno y Ops, hermano de Júpiter y Plutón.

Neptuno gobierna todas las aguas y mares y cabalga las olas sobre caballos blancos. Eligió el mar como morada y con su poderoso tridente agita las olas, hace brotar fuentes y manantiales donde quiera y en causa de su ira provocando los temibles sismos o terremotos.

 

En Italia y en España es donde más se conservan estas magníficas obras de la ingeniería pensadas para llevar agua desde puntos distantes hasta los núcleos urbanos. Y la de Trevi, no es la única que puede observarse, sino al decir de los estudiosos de la arquitectura y el arte, una de las más bellas.

 

Los dos videos que compartimos, tienen la rareza de que muestran la obra sin ninguna persona. Ambos fueron registrados durante la pandemia, y la ausencia de gente se debe al aislamiento y distanciamiento social, que se decidió con distintas modalidades en distintos países del globo. (Créditos de videos al pie)

Cosas de la historia de las construcciones y las civilizaciones; que nos gusta conocer y compartir.

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Créditos videos:

Nils Astrologo. Cineasta. Piloto profesional de drones.
Vuelo rasante en la Fontana di Trevi en Roma, en días de aislamiento social. El único sonido audible es el estruendo de la caída del agua en la fuente…
https://www.youtube.com/user/dargaud85/about

Video producido por Agencia Invidio . Filmación aérea con drones. 

Riprese Aeree

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